Reflexiones sobre la educación universitaria (III)

No tenía ya mucho sentido incluir la palabra “breve” en el título del artículo. Tal vez me haya metido sin quererlo en un campo minado del que me va a resultar complicado salir. Pero el paso ya está dado, y si hay un tema que requiere de nuestra atención, ese es el de la Educación En este tercer artículo vamos a ver dos ejemplos de lo que podríamos denominar la sobre-explotación de las carreras universitarias. Dos titulaciones (grados) que bien podrían ser, desde mi punto de vista, estudios formativos de grado superior

Grado de Información y Documentación. Anteriormente diplomatura de Biblioteconomía y Documentación. Según la Universidad Complutense de Madrid, el objetivo básico de este grado es “formar profesionales capaces de seleccionar, gestionar, organizar y preservar la documentación y la información para que pueda ser utilizada por terceros independientemente del lugar donde esté depositada o de su formato y soporte”. Allá por los noventa, pese a las virtudes de la carrera y los esfuerzos de algunos muy buenos docentes, los tres años de diplomatura ya se hacían largos. Unos estudios que nos formaban para trabajar en bibliotecas públicas o privadas u organizando la información de empresas privadas (centros de documentación, archivos, etc.) y que al final sólo nos dejaba el camino de la oposición si queríamos trabajar en puestos acordes con nuestra titulación (diplomados o licenciados). No es de extrañar que con el paso de los años, muchos de los estudiantes que optaron por la empresa privada hayan ejercido las más variadas funciones, obligados a reciclarse continuamente. Hoy en día no es extraño verles desarrollar tareas de community managers, gestión o edición de contenidos, etc.

Con el tiempo, a alguien se le ocurrió la brillante idea de alargar la carrera dos años más hasta convertirla en Licenciatura. Muchos nos decidimos a continuar los estudios pensando que una titulación superior nos daría más opciones profesionales. Lo que nos encontramos fue con una carrera que no daba para esos cinco años. Asignaturas idénticas a las de la diplomatura, un profesorado mal formado, cuando no desmotivado y unos alumnos igualmente desmotivados. Resultado. Una buena cantidad de recursos económicos malgastados.

Un segundo ejemplo más reciente y también cercano. El Grado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos. Antigua diplomatura de Relaciones Laborales y Licenciatura en Ciencias del Trabajo. Nos encontramos de nuevo con una titulación alargada artificialmente y en el que los alumnos cursan una amplia variedad de asignaturas; derecho civil, laboral, psicología, recursos humanos, organización empresarial, etc. Teóricamente esto les convierte en profesionales multidiscipinares que pueden desarrollar sus carreras tanto en la administración pública (vía oposición) cómo en la empresa privada (departamentos de recursos humanos, gestorías y asesorías, etc.). En la práctica esto se traduce en titulados universitarios que se encuentran con graves dificultades, dejando a un lado la crisis, para acceder a un puesto de trabajo acorde con sus estudios. Pongamos dos simples ejemplos que lo ilustrarán a a la perfección:

1. En un departamento de personal de cualquier mediana o gran empresa, a quien contrataríais antes, ¿a un titulado en relaciones laborales que ha cursado unas cuentas asignaturas de psicología o recursos humanos o a un tiulado en psicología especializado?
2. Ocurre lo mismo en despachos de abogados, grandes consultoras y gestorías. Contratan antes a abogados especializados en derecho laboral o fiscal. Lógico. Su formación es mejor en esas áreas.

Si en ambos casos las empresas se decantan por psicólogos y abogados, relegando a los titulados en Relaciones Laborales a puestos intermedios, técnicos, cuando no auxiliares, entonces, ¿son necesarios para ello cuatro o cinco años de estudios universitarios?

Creo que no. Aunque claro, parece que lo que dá “prestigio” a las universidades españolas es ofrecer una ingente cantidad de estudios sin que les importe demasiado la calidad de los mismos. Y cuando llegan las épocas de “vacas flacas”, nadie se plantea reorganizar nuestro modelo universitario, ajustar el número de titulaciones, analizar sus salidas laborales. Què va, lo fácil es subir las tasas universitarias, perjudicando a los más débiles y torpedeando la educación pública. Sólo una educación pública de calidad nos da la posibilidad de prosperar, independientemente de nuestra condición social o de nuestros recursos económicos. Y esto no es un alegato “revolucionario” ni mucho menos, es sentido común.

Eso es todo por ahora. Nos vemos en el camino…

Francisco Arellano

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Acerca de tuavancecultural

Dice un viejo proverbio hindú que “un gramo de práctica vale más que cien de teoría” Mi formación académica como bibliotecario y documentalista me ha permitido desarrollar mi carrera profesional en múltiples sectores como, cultura, internet y finanzas, adaptando continuamente mis capacitaciones y conocimientos adquiridos a cada uno de los distintos puestos desempeñados. Mi paso en 2011 por el grupo de comunicación Edicosma me permitió "reengancharme" a las nuevas tecnologías, sector en el que estuve implicado desde 1999 hasta 2001 cuando viví en primera persona la eclosión de internet y la burbuja de las punto.com. En la actualidad, estoy embarcado en tres apasionantes proyectos: En octubre de 2012 me embarqué en Avance cultural, una plataforma que nace con la intención de promocionar la cultura y hacerla cada vez más accesible a todos los bolsillos: conciertos, cine, teatro, exposiciones, bibliotecas digitales y mucho más tiene cabida en Cultura a tu alcance. Diarios de meditación y vida. Mi último (por el momento) proyecto personal iniciado junto a mi amigo e instructor de Yoga, Carlos Moreno. Un espacio donde intentaremos conocernos un poco mejor a nosotros mismos y aprenderemos a afrontar los pequeños retos que nos encontramos en nuestro vertiginoso modo de vida. Yoga, meditación, budismo, zen,etc. Además os descubro mi faceta como masajista de shiatsu.
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